Discurso en representación de la Dra. Patricia Frenz en el Funeral del Dr. Fernando Muñoz el día 14 de Octubre e 2017
Estimadas
autoridades políticas y académicas, queridos Aileen, Emilio y Pepa, familiares de
Fernando, queridos colegas, amigas y amigos:
Es
para mí un honor decir unas palabras en representación de la directora de la
Escuela de Salud Pública, Dra. Patricia Frenz, quien lamentablemente está fuera
del país el día de hoy.
La
muerte de Fernando ha sido una estocada que todavía no sabemos bien cómo
encajar. En la Escuela se siente aún, y se sentirá por mucho tiempo más, una
sensación de pérdida irrecuperable, una emoción contenida apenas.
A
pesar de todo, empezamos a vislumbrar su legado. Fernando fue médico clínico, hacedor
e implementador de políticas públicas, docente, investigador, líder, director
de servicio de salud, subsecretario de salud, jefe de programa, miembro del
claustro del doctorado en salud pública y tanto más… pero, además, fue capaz de
usar cada una de esas experiencias para enriquecer la siguiente.
Cuando
pienso en Fernando se me viene a la cabeza la aseveración que les presentamos a
los alumnos de Magister con el fin de que escriban un ensayo en el curso
Introductorio a las Políticas, Sistemas y Gestión de Salud.
Dice
así, “es un reclamo frecuente entre los investigadores y académicos el escaso
respaldo técnico que tienen muchas de las decisiones que toman los políticos.
Por su parte, quienes se encuentran en posiciones de poder tomando decisiones
políticas, reclaman de los académicos e investigadores que sus propuestas técnicas
son generalmente etéreas y no incorporan las restricciones del mundo real”
A
partir de este escenario, les pedimos a los estudiantes que analicen cómo se
expresan ambos planteamientos en el sector de salud chileno y que argumenten su
propia opinión.
Fernando
se vio enfrentado a esta dicotomía todos los días de su vida profesional.
Valoraba la práctica de la salud pública, pero siempre desde el saber. Valoraba
el mundo de las ideas, pero siempre que este mundo fuera avivado por la realidad
de las trincheras. Transmitía la convicción de que la Universidad
pública es un espacio no sólo consagrado al saber sino también al servicio del
país. Y en este sentido, siempre hizo carne la siguiente estrofa del himno de
nuestra querida alma mater:
No eres sólo el hogar de
la ciencia,
yunque nuevo de un nuevo metal.
También eres la sangre y la fuerza,
alas firmes de la libertad.
yunque nuevo de un nuevo metal.
También eres la sangre y la fuerza,
alas firmes de la libertad.
Si
bien era un tomador e implementador de decisiones, era también un auténtico
académico. Y por eso, a pesar de haberlo conocido personalmente sólo hace tres
años, me parece haberlo conocido toda una vida. No sólo compartimos el gusto
por el saber, sino también la convicción de que el estudio de los sistemas de
salud y especialmente de la atención primaria es una de las claves para mejorar
la vida de las personas. Desde la investigación, la docencia y la extensión,
Fernando continuó el camino iniciado en la Escuela de Salubridad el año 1943.
Puedo
decir con la más profunda certeza que nuestro amigo es merecedor del elogio más
elevado que, en mi opinión, puede recibir un académico: el de ser honesto intelectualmente.
Esta virtud, sin embargo, puede llevar aparejado un costo altísimo y él
ciertamente pagó ese costo con creces. Lo hizo con dignidad y valentía. Lo hizo,
a pesar de las críticas, con la necedad de la que nos canta Silvio Rodríguez:
…será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.
yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
allá dios, que será divino.
yo me muero como viví.
Gracias
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