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miércoles, 13 de junio de 2018

Reseña bibliográfica Dra. Tegualda Monreal






Tegualda, era sin duda una mujer que corría tras sus ideales. Habiendo crecido en San Vicente, estudiar Medicina implicaba para su familia un esfuerzo económico difícil de sustentar. Decidida escribió al Presidente Aguirre Cerda,  solicitándole una beca que le permitiera financiar su estadía y costos de estudio y en suma cumplir su sueño de estudiar en la universidad la carrera que ella más quería. Su solicitud tuvo la respuesta esperada, y con una carta firmada por el propio presidente, Tegualda accedió a una beca e ingresó a estudiar Medicina en la Universidad de Chile. Esa breve pero significativa historia marca el inicio de su carrera, y ya es una muestra temprana de su consciencia de derechos. Así como lucha en esa ocasión por un derecho propio, su carrera y sus aportes en lo académico y en lo social nos muestran su incansable lucha por el derecho a la salud de otros y otras.

Ejerció luego de titularse en el Hospital San Borja, en ese período ya comienza a mostrar su interés por investigar, realizando y publicando diversos estudios. Recordaba ese período de su vida con especial cariño, por el contacto que establecía con sus pacientes y compartió esas labores hospitalarias con trabajo asistencial en el Seguro Obrero.
Rápidamente, después de la experiencia clínica da un golpe de timón a su carrera dirigiendo sus pasos hacia la Salud Pública. Fue Médica Sanitaria de la Dirección general de Sanidad y realiza estudios en la Escuela de Salubridad de la U. de Chile, especializándose en Epidemiología. Continuando con lo que demuestra ser su pasión ejerce como epidemióloga y como salubrista en distintas posiciones y cargos en el recién estrenado Servicio Nacional de Salud, hasta que en 1960 se incorpora a la Escuela de Salubridad, que más tarde se llamaría Departamento de Salud Pública y Medicina Social, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, nuestra actual Escuela de Salud Pública. Allí desempeña diversos cargos académicos en el Departamento de Epidemiología y asume responsabilidades en la enseñanza de esta disciplina en la carrera Medicina y otras carreras de la salud. Desde esa posición realiza importantes contribuciones a la salud pública del país. Con el Dr.  Rolando Armijo llevan a cabo el primer estudio epidemiológico sobre aborto provocado en la ciudad de Santiago, el primero en el país y en America Latina, que pone de manifiesto la magnitud, las brutales consecuencias del aborto inseguro y sus determinantes sociales. Este estudio causa gran impacto y sin duda se vincula a la génesis de la política nacional de planificación familiar que se impulsa en 1964 durante el gobierno de Frei.

Pero Tegualda con sus estudios y publicaciones no brilla solo en el ambiente académico y de salud pública, claramente eso es inevitable, pero está lejos de su pasión y su interés. Cuando relató en su expediente académico sus actividades de extensión dejó ver como llevó los resultados de sus investigaciones a los foros que más le interesaban, dejando en un segundo plano la referencia a los foros televisivos, a las mesas redondas y a las conferencias pniendo su acento en: “sobretodo las charlas tenidas en centros de madres, colegios, comités políticos, escuelas profesionales, grupos obreros y de campesinos con quienes  se discutió (…) las consecuencias del aborto provocado sobre el deterioro de la salud de la mujer de todas las clases sociales y en especial de la clase más modesta” y agrega… “los foros no se limitaron a los problemas del aborto, sino a muchos otros importantes problemas de epidemiología que impactan negativamente la salud”. 
Desde el rigor de sus investigaciones y análisis político sanitarios, contribuyó a hacer visibles los daños que la falta de reconocimiento y de ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos  provocaban en la vida y la salud de las mujeres, con una mirada que da cuenta de una profunda y sólida comprensión de los factores sociales que determinan la salud.

Tegualda continuó en esa década desarrollando diversos estudios en la materia, incluida una evaluación del impacto en la salud de las mujeres del programa de prevención del aborto provocado y planificación familiar en la ciudad de Santiago.
Escribió en las conclusiones de ese estudio, en 1967…“Cabe preguntarse, dejando prejuicios culturales a un lado, si no debiera plantearse para nuestro país ya la conveniencia de proceder, por lo menos en aquellos casos de fracasos de anticonceptivos que han sido recomendados por los Servicios de salud, a la inducción del aborto por los mismos servicios, lo que
sin duda disminuiría sus riesgos y respondería a una necesidad muy sentida en estos momentos por la mujer chilena…..”

Como protagonista de la historia de la salud pública en nuestro país, Tegualda dio seguimiento  al período de alza de la morbi-mortalidad materna, al decrecimiento de la misma -entre los 60 y  1973 - como expresión del impacto de las políticas de anticoncepción  y de la interpretación más liberal de las disposiciones del Código Sanitario respecto del aborto. 30 años antes de que la comunidad internacional reconociera los derechos reproductivos como derechos humanos, y con ello el derecho de las mujeres a decidir soberanamente sobre su sexualidad y reproducción, Tegualda hizo parte de las mujeres que hicieron posible esas conquistas.

Su carrera en el Departamento de Salud Pública y Medicina Social se vió violentamente cortada  por el golpe militar de 1973 al igual que el gobierno del Salvador Allende Gossens en esos “tiempos tenebrosos”, como ella decía, junto a muchos compañeros y compañeras de esa institución fue perseguida y exonerada. Con la ayuda de una amiga consiguió salir del país, enfrentando al igual que muchos y muchas grandes dolores y pérdidas.

Durante el exilio, con reconocida trayectoria ingresó a la División de Evaluación de Planificación Familiar en el CDC (Centers for Disease Control and Prevention) en Atlanta EEUU y más tarde como consultora de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF) en Nueva York. Trabajó también en el Centro de Población y Salud Familiar de la Universidad de Columbia, y como consultora de OPS. Su paso por USA transcurre entre 1973 y 1981, año en que comienza su aventura en el continente Africano.

Tegualda también fue protagonista en la historia de cooperación técnico-política con Mozambique realizada por chilenos y chilenas en el exilio, quienes desde distintos ámbitos apoyaron el proceso de construcción de la República Popular de Mozambique, independiente y socialista, que se inicia tras el proceso revolucionario de liberación que termina con la colonización portuguesa en 1975.  A seis años de la independencia Tegualda lidera la instalación de un proyecto con apoyo del Fondo de Naciones Unidas para Actividades de Población. Se trata de un proyecto orientado a implementar la política de Planificación Familiar a nivel nacional. Es un proyecto a gran escala y de gran impacto, para mejorar los niveles de salud materno- infantil de ese país. Este proyecto incluyó la conceptualización y diseño del programa de formación de las primeras enfermeras de salud materno-infantil que dieron cobertura a acciones preventivas a lo largo y ancho del país, que eran también las ejecutoras de las actividades del programa de Planificación Familiar, posibilitando el acceso a métodos anticonceptivos efectivos y seguros a las mujeres mozambicanas. Permaneció casi una década en Mozambique y llevó a cabo a finales de esa experiencia la primera encuesta nacional sobre salud reproductiva de la mujer Mozambicana. En esa época tuve el privilegio de conocer a Tegualda, y compartir sus afanes, su sabiduría y su cariño.


Un año antes de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (“el Cairo”) en 1994 – y con ocasión del simposio nacional sobre aborto terapéutico organizado por el movimiento feminista-, Tegualda, refiriéndose a la etapa comprendida entre los años 30 y los 60, previo a la política de anticoncepción diría: “Quizás por primera vez, la mujer adquiere consciencia de que la fecundidad no controlada representa un obstáculo en su deseo de integrarse a la nueva sociedad. En estas circunstancias y en ausencia de la anticoncepción, emergerá el aborto ilegal- especialmente en el nivel socioeconómico más modesto – como el único procedimiento efectivo y a su alcance, para controlar la fecundidad no deseada, pese a los riesgos. La “epidemia” del aborto que se hará visible en el hospital, no será sino el reflejo de la diseminación del aborto en este estrato, donde en más del 50% de los casos se explica por razones económicas”.

Retorna a Chile en democracia, y se incorporó como epidemióloga al Servicio de Salud Metropolitano Occidente, donde asumió diversas actividades, siempre preocupada de diagnosticar y abordar los problemas de salud de la población desde su amplia mirada y su profundo compromiso con la justicia social. A pesar de las dificultades para obtener recursos para investigar sustentó incluso con recursos propios algunas investigaciones. Aunque con menos revoluciones, a sus más de 90 años su trabajo lúcido y comprometido continuó en el servicio algunos años más.

Tegualda fue una mujer transgresora, valiente, inquieta, sabia, por sobre todo una mujer libertaria y generosa. Tegualda no buscó nunca ni el prestigio ni los beneficios personales, y fue una incansable forjadora de cambios con proyección social. Podemos afirmar sin ninguna duda que fue una luchadora incansable por la equidad de género y los derechos reproductivos de las mujeres. Epidemióloga brillante, pero antes y sobretodo una médica social si se puede usar ese término.
Tegualda siempre, con su inagotable energía dedicada a la salud pública, a la medicina social, no solo en Chile sino en cada lugar en que sus ojos se asombraron ante la inequidad. Por ese tremendo, generoso y dedicado protagonismo en la historia de la medicina social en Chile proponemos este homenaje como reconocimiento a su trayectoria, que honra nuestra institución. También con el fin de mantener su presencia simbólica en esta Escuela y que las nuevas generaciones de salubristas puedan reconocer en ella un ejemplo de compromiso desde la salud pública con la salud colectiva.
                                                            

                                                                              Pamela Eguiguren B.





 








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